Buscar este blog

jueves, 27 de julio de 2017

Esa cita equívoca y aventuras prostibularias

Tras la pista del mítico narrador cordobés, por quien próximamente publicará su biografía,Un atleta de las letras, y la resolución de un pequeño enigma. 
Pocos escritores argentinos más rodeados de mitología que el cordobés Juan Filloy, que nació en el siglo XIX, vivió todo el XX y murió en los albores del XXI. La idea de que era un ser mítico quedó oficializada en el prólogo que le hizo Bernardo Verbitsky a la reedición de su novela Op Oloop en 1968 por Paidós. El libro había visto la luz originalmente en la década del treinta, aunque de forma privada: ya instalado en Río Cuarto, el fiscal de cámara Filloy hacía imprimir sus libros y se los mandaba a amigos, colegas y conocidos. La tirada no era menor (500 ejemplares), pero no se vendía en las librerías, por lo que los curiosos debían escribirle solicitando un ejemplar, que él pasaba a enviar sin costo. “Por lo mismo que creo en la mala calidad del veneno que sirvo, tengo al menos la delicadeza de no cobrar su envase”, decía. Aprovechando su prolijidad (siempre terminaba corrigiendo a sus correctores) y su capacidad para el diseño (su primera vocación artística había sido la de caricaturista), esta metodología lo liberaba de los editores y de la censura, que no era menor después del golpe de Uriburu, además de no comprometer a su figura pública.
Esa cita equívoca y aventuras prostibularias

No hay comentarios:

Publicar un comentario