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domingo, 14 de octubre de 2018

La Historia del Negro Moncholo



         Con 18 años conocí a una bellísima chica llamada Juana, en ese momento estaba buscando trabajo en una fábrica en la que ingresé luego de unas semanas de haberme inscripto, al mes de salir con Juana me declaro y terminamos siendo novios. 

            Al año y medio me entero que soy padre y con Juana decidimos irnos a vivir juntos, yo con mi trabajo iba a poder mantener a mi familia, 9 meses después nació Belinda mi hija, hermosa, ojos marrones y la hermosa sonrisa de su madre. 

          Cuando Belinda cumplió el año Juana me anunció la venida de un nuevo bebé, sí, sería papá nuevamente y eso me alegró muchísimo, pero tenía que ganar más dinero para poder mantenerlas, entonces a los días fui a pedir un aumento, pero me encontré con que la fábrica quedó en bancarrota y acompañado de eso mi despido. 

           Comencé a mandar currículum a muchos lugares, pero nunca recibía ninguna carta o llamada de aceptación. Juana tampoco conseguía trabajo y nos estábamos quedando sin comida, dinero además necesitábamos pagar el alquiler. 

        Al mes nos echaron del departamento, gracias a unos amigos que nos prestaron su garaje chiquito en donde podíamos estar. Todo estaba en el mismo lugar, cocina, baño y dormitorios. 

            Un día cuando volvía de buscar trabajo, Juana me mostró unos escarpines que había hecho con ropa, lana y cosas usadas. Entonces pensé en hacer más cantidad y venderlos en el hospital para ganar algo. 

              Con el paso de las semanas solo había conseguido vender 15 escarpines y ganar 150 pesos, lo que nos alcanzó para comprar masa para hacer pan y algunas otras cosas. 

             Ya había establecido un lugar en frente del hospital hasta que el director llegó, y día tras día llamaba a la policía para que me sacaran de ahí, pero yo no me vencía y volvía una y otra vez. 

             Cuando llegué a casa me encontré con Juana teniendo contracciones, el bebé estaba llegando, corriendo fuimos al hospital, cuando llegamos me crucé con el director y se dio cuenta que tenía hijas. 

            Con Milagros en brazos de Juana el director me ofrecía establecer un stand dentro del lugar para poder vender escarpines tranquilo, con gusto y un abrazo le agradecí la propuesta. 

             Cuando estaba yendo al hospital a vender, me encontré un diario en el piso, decidí juntarlo y leerlo.  Me encontré con que había un proyecto de emprendedores, en el que el ganador podría ganar 1 millón de pesos para comenzar su empresa. 

            Al mes de haberme preparado para ese proyecto, llegó el día de presentar mi propuesta, una empresa dedicada a la creación de escarpines. 

             Para llegar al lugar tenía que cruzarme toda la ciudad a través de colectivos, así que le di un beso a mi mujer e hijas y agarré mi informe y me puse en marcha para ese lugar, cuando llegué a la parada del colectivo una señora que estaba al lado mío me dijo que se había retrasado el colectivo, y yo ya estaba justo con el tiempo, así que comencé a buscar otras paradas, ya estaba llegando 30 minutos tarde hasta que me encontré un colectivo el cual me ayudó a llegar al lugar. Había una cola de media cuadra para entrar a ese lugar, mis esperanzas ya se estaban desvaneciendo, la mayoría de los emprendedores eran adinerados con trajes caros y yo con ropa rota y sucia. Llegó mi turno, entregué el informe y defendí mi posición, el jurado al finalizar mi defensa me felicitó. Gane el proyecto, lo que me facilito el desarrollo de la empresa que quería hacer. 

            Al paso de los meses mi empresa se volvió muy conocida y pudimos salir adelante gracias a ellos. Ahora es una de las empresas más conocidas de Argentina en la venta de ropa para bebés. 

                                                                               FIN